"" el ojo heterotópico

domingo, 2 de junio de 2013

Apoteosis del arco y del espacio interior




Cuando uno se enfrenta a un patio donde el arco describe una apoteosis no puede dejar de pensar en las imágenes mágicas e imposibles de M. C. Escher. En este patio de una casa señorial renacentista de Valladolid, edificada en el siglo XVI, el ojo y la tentación que nos brinda la cámara está a punto de sustituir la realidad por la ficción. Tal es el impulso que genera esa arcada que se extiende por diversas plantas y la esbeltez con que recorre tres de los cuatro lados del patio. El patio, lugar donde convergen las expresiones de las diferentes estancias de la casa. Inevitable recordar la visión de Bruno Zevi a favor de la conquista del espacio interior de los edificios de la historia y del arte. El lienzo de almohadillado florentino que cubre uno de los muros proyecta aún más ese carácter de vida íntima y a la vez exaltadora de poder de un alto cargo de la Administración de Justicia en aquellos tiempos.




Citando a Bruno Zevi en Saber ver la arquitectura: "En arquitectura, la fachada y las secciones, interiores y exteriores, sirven para determinar las medidas verticales. Pero la arquitectura no deriva de una suma de longitudes, anchuras y alturas de los elementos constructivos que envuelven el espacio, sino dimana propiamente del vacío, del espacio envuelto, del espacio interior, en el cual los hombres viven y se mueven. En otras palabras, empleamos como representación de la arquitectura la traslación práctica que el arquitecto hace de las medidas que la definen para uso del constructor. Para el fin de saber ver la arquitectura, esto equivaldría aproximadamente a un método que, para ilustrar una pintura, diese las dimensiones del marco o calculase por separado las superficies de cada uno de los colores."





"Quien se quiera iniciar en el estudio de la arquitectura tiene, ante todo, que comprender cómo una planta puede ser abstractamente bella en el papel, cómo cuatro frentes pueden parecer bien estudiados por el equilibrio de sus llenos y vacíos, de sus salientes y entrantes, cómo el volumen en conjunto puede ser igualmente proporcionado y, a pesar de eso, el edificio puede resultar arquitectónicamente pobre. El espacio interno, aquel espacio que no puede ser completamente representado de ninguna forma, ni aprehendido ni vivido, sino por experiencia directa, es el protagonista del hecho arquitectónico. Tomar posesión del espacio, saberlo ver, constituye la llave de ingreso a la comprensión de los edificios."











Palacio del Licenciado Butrón, oidor de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid. 


martes, 23 de abril de 2013

Vindicación de la lectura




Se alza, 
se pone de puntillas,
quiere llegar tan lejos:
escalar por la fronda
alcanzar la copa de los árboles
y allí
dominar el paisaje
y tal vez desde la hoja 
más avanzada del ramaje
se dispone a volar.
Planear sobre la tierra
humedecerse del salitre del océano
y descender al corazón del bosque
atravesar el desierto
que los tártaros abandonaron hace siglos
y deslizarse por las calles 
de la noche de las metrópolis
entre la bohemia y los lances
de los pendencieros.
Todo está ahí
en su mano vindicadora 
de las fantasías:
al agitar las páginas
las palabras se desparraman
y se mezclan
y el viento las aventa llevándolas
tan lejos
donde otro niño de acero
las volverá a ordenar
y repetirá la hazaña 
en otra lengua
sobre los mismos sueños.






domingo, 21 de abril de 2013

Entregados al libro (en vísperas del Día del ídem)




A poco que se recorra una ciudad se advertirá que el libro aparece por doquier en su historia. No sé si las estatuas del futuro, suponiendo que se sigan esculpiendo, pues su significado fundamental se ha perdido o ha entrado en crisis en gran parte, seguirán incidiendo en el icono que ha supuesto en siglos pasados el libro. El libro, soporte y medio para el conocimiento y la narración inventada, sistema de divulgación de pensamiento o transmisión de doctrina, navega hoy más que nunca a merced de las nuevas tecnologías. Nunca su existencia en papel se vio tan apurada ni tan incierto se mostró su porvenir.

Los conocimientos científicos o técnicos, en la medida en que se imponen nuevos descubrimientos, dejan sin vigor o reducen la importancia de los textos escritos y genera otros nuevos. La ficción se reproduce una y otra vez sobre los mismos motivos que la naturaleza humana ha incentivado a su escritura desde el principio de las culturas, pero cada tiempo histórico reclama una especie de adaptación de estilos y formas expresivas. Aunque hay quien considera que la novela como tal género ya está obsoleta o que poco nuevo se expresa en poesía. Pero esto es el debate más o menos permanente al que hemos asistido desde hace décadas.

Hoy, la gran novedad es el enorme flujo de individuos que escriben, en parte a través de los nuevos medios de la red, en parte en privado y que editan en ediciones reducidas y económicas, más allá o más acá de las editoriales consolidadas. Aportan su granito de arena literario. Responden a su propia necesidad de sumarse al territorio de los escritores, independientemente de su nivel, su calidad, su lectura o su reconocimiento. Hay algo claro: se escribe en parte para satisfacción de un ego particular e íntimo, pero también para sentir gratificación y, de paso, al hablar de los mil y un temas que vienen tratando los escritores de toda laya desde hace siglos demostrarse a sí mismos que ellos también han probado y comprobado la vida.






Aclaración. Las esculturas pertenecen al monumento a Colón, en Valladolid. Obra del escultor sevillano Antonio Susillo, el conjunto tenía previsto como destino final La Habana. Pero la guerra e independencia de Cuba truncaron su envío. Son alegorías sobre la Historia y el conocimiento técnico. 



martes, 16 de abril de 2013

Arquitectura del jardín secreto



Veo en ella el Taj Mahal y también Chartres. Veo el Palacio Ducal de Venecia y Santa María del Mar. Veo la Plaza Registán de Samarcanda y la Lonja de Valencia. Veo San Pedro de Arlanza en su ruina y Atapuerca en su despliegue. Veo Tenochtitlán y las ciudades desaparecidas de Mesopotamia. ¿Cómo no asociar las formas de la naturaleza con las construcciones humanas? Sería de ingenuos preguntarse qué fue primero porque, mayormente, no cabe duda. Aunque también las manipulaciones florales existen. La arquitectura de los hombres es representación de los símbolos naturales. Así, el templo hindú o el cristiano son proyecciones de la montaña y ésta simboliza el ascenso interior. Que luego las culturas hayan desarrollado un afán práctico en base a sus creencias, necesidades sociales, urbanas, administrativas, no anula el modelo anterior. La naturaleza primigenia siempre es la referencia.




El problema intrínseco de las creencias y de las ideologías es su tendencia cíclica a cerrarse. Es como si, tras apurar su cometido de mostrarnos una manifestación, revelarnos un descubrimiento e incluso alentarnos a iniciarnos en conocerlo ya estuviera dejando el rastro de su obsolescencia. No sé si esto ya lo vio en su momento el novelista y dramaturgo alemán Arthur Schnitzler porque dejó este aforismo:

"Si cultivas con exceso el jardin secret de tu alma, puede llegar a hacerse demasiado exuberante, a desbordar el espacio que le corresponde y, poco a poco, a invadir otras regiones de tu alma que no estaban llamadas a vivir en secreto. Y así puede ser que tu alma entera acabe convirtiéndose en un jardín cerrado y, pese a su esplendor y su perfume, sucumba a su propia soledad".  



miércoles, 10 de abril de 2013

Mercedes Parada o el amor es...




Leo en Antonio Machado lo siguiente: “Antes de escribir un poema -decía Mairena a sus alumnos- conviene imaginar el poeta capaz de escribirlo. Terminada nuestra labor, podemos conservar el poeta con su poema, o prescindir del poeta -como suele hacerse- y publicar el poema; o bien tirar el poema al cesto de los papeles y quedarnos con el poeta, o, por último, quedarnos sin ninguno de los dos, conservando siempre al hombre imaginativo para nuestras experiencias poéticas”. 

En este sentido, a la autora del libro “El amor es y doce poemas rezagados” ¿le cuesta tomar una decisión? ¿O bien, Mercedes, te sientes reflejada en todas las situaciones que cita el maestro? 

Siento que es una manera muy cercana de explicar el proceso. En mi caso no dudo en escribir, porque si lo hiciera rompería con el "hilo" que me conecta a ese poeta imaginario y creado para hablar de dentro a afuera.

Ser publicada en la editorial Tansonville, de Eduardo Fraile, es como entrar en un Olimpo de las ediciones. Un lujo sensitivo para una colección de libros artesanales y a la vez de calidad elevada. ¿Qué impresión te ha producido este acontecimiento? 

Entrar con mi poemario y dibujos en la Editorial Tansonville ha sido una experiencia maravillosa, pues con Eduardo Fraile confío para lo que sea, ya que él, como buen editor y poeta, visualiza el libro antes y lo hace nacer. No lo transforma, lo enriquece. A todo el mundo le ha gustado el resultado de la colaboración. 

Tu doble faceta de mujer que dibuja y mujer que escribe convierte al libro en un libro iluminado que obliga a detenerse dos veces. Yo mismo me he quedado absorto abriendo una de sus páginas para centrarme en la ilustración y dejar de lado el poema. Al añadir esa parte gráfica, ¿no estás poetizando de manera multiplicada? ¿Has concebido los dibujos expresamente para la edición? 

Sí, por supuesto, cuando escribo, paralelamente me surgen casas, árboles, mujeres, desnudez, caras... Todo es lo mismo, uno es el motor de lo otro y viceversa. Lo que no acabo de conectar es con la música, eso va por otro camino. Para la edición siempre he querido dibujos y he tenido la suerte de que Eduardo Fraile me quisiera aconsejar con su experiencia.




Insisto en los expresivos dibujos del libro, porque me parecen dignos de valorarlos. He jugado al juego de ocultar el texto del poema y he mirado solamente la mujer que salta, que lee, que contempla una flor, que se atusa los cabellos, que se estira, que se acaricia o que protege su vientre…Un deleite. 

Gracias, estas chicas son una parte y creo que son más emotivas por lo de vivir el amor. 

Antes de hablar de tus escrituras háblame del resto de tu tarea figurativa o, en general, de otras creaciones plásticas que hayas realizado hasta el momento. ¿Hay un hilo conductor oculto entre las dos expresiones? ¿Dónde se produce el cruce, el encuentro, entre ambos lenguajes? 

Es tarea solitaria, un estar, pasar rato conmigo y después creo y destruyo, destruyo y a lo mejor ya no se puede recuperar. Considero que el collage es un lenguaje ideal para mí, el caos y el orden puestos en el mismo plano, los mundos mezclados, las posibilidades infinitas... 

Los treinta y cinco poemas que forman El amor es ¿configuran un corpus único y los Doce poemas rezagados son, como su nombre indica, algo que llega después pero que no tiene unidad con los anteriores? 

El amor es está escrito entre los años 2005 y 2011, periodo en el que estuve viviendo en Barcelona. Se reflejan diferentes momentos pero juntos guardan una búsqueda, una huída al refugio donde es posible el amor. Momentos felices e infelices. Los Doce poemas rezagados forman parte de esa época, pero los he aislado porque pertenecen a un trabajo de colaboración con la pintora Cristina Pérez, donde ella ponía un cuadro y yo, inspirándome en él, ponía el poema. 

El título El amor es ¿oculta unos puntos suspensivos o simplemente pretende hacer obvia una existencia cuya temporalidad lo va dejando en evidencia? 

"El amor es.", con punto. No es intento de definición, es una autoafirmación del amor mismo, que se defiende él y que no hay más que eso. 

Has dedicado el libro al Sol, la Luna y las estrellas, lo que me ha parecido no solo ingenioso y muy bonito sino sumamente animista. ¿Acaso con esta dedicatoria no estás anunciando al lector que se va a encontrar con una poesía muy intimista que aun siendo obviamente humana no parece del todo terrenal?

Con esta dedicatoria he querido hacer un "guiño" al amor lírico, un poco polvoriento, hablar del sueño de amor, de lo imposible...
   



Dice el autor Kepa Murua que el poeta que no escribe escuchando su voz es un hombre acabado. Cuando leía tus poemas he pensado que no es tu caso, que tus poemas son resultado de voces interiores, manifestadas en distintos tiempos, sugeridas por diversas circunstancias, atosigadas incluso por pulsiones que nunca resuelves con angustia, pero sí en ocasiones con desdén. 

Es verdad, cuando he dicho a veces que la poesía tiene algo de terapéutica, es porque intento dar sentido a mi interior, viene de una voz que sé que es mía, pero que a veces ni me reconozco. Yo he de seguir la voz y saber qué quiero decir-me. Por supuesto, surgen dificultades porque hay momentos en los que expresar de adentro a afuera, de manera que todo quede en esencia igual, y a la vez entendible, es una aventura y un proceso hasta doloroso. Se intenta resolver como se puede. 

¿Qué verdad encuentras en la poesía? ¿Qué verdad pones tú en lo que escribes? Como se trata de una expresión tan diferente e incluso opuesta a todas las demás expresiones…

Siempre busco la verdad, la sentida. Cuando leo al poeta Rumí dice verdades que puedo entender al instante, otras veces solamente conmigo misma, estoy observando, buscando. 

La poesía suele chocar con una escasa predisposición de los presuntos lectores. Hablo en general. Naturalmente se ha hecho poesía de muchos tipos, pero no la más explícita y racionalista, digamos, tiene que ser la mejor. Me gusta tal como lo haces tú: que cuentes de lo mínimo y sugieras, que exhales pensamientos y los dejes flotar, que no caigas en las tentaciones que caen otros de aseverar con tonos ásperos y concluyentes, como si más que poesía fuera una cierta especie de moral. 

Lo creo también. A mí me impresionó la poetisa Alejandra Pizarnik, cuando leí  "Extracción de la Piedra de la locura", porque decía: "Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición". Eso intento yo, son intentos difíciles de sentir y reflejar lo que sientes desde la más absoluta simplicidad, rozando la abstracción. 

Soy de la opinión de que también hay que escuchar el silencio. En un mundo cotidiano en el que el ruido externo de las palabras intenta desviar nuestra atención y puede insinuar malas escrituras, ¿qué valor concedes al silencio? Pienso en el bombardeo de los medios de comunicación y publicitarios que nos alejan de nuestro ser interior y por otra parte pienso en ese instante en que somos capaces de escribir un poema como si estuviéramos en otro mundo, no sé si en el vacío o en lo más profundo de nuestra propia cueva.

Como he dicho anteriormente, el silencio es espacio de creación, donde empieza todo. El lugar de descanso después de vivir con lo cotidiano del día a día. Se podría pensar que se parece al momento anterior de dormir, a esa oscuridad. Con lo profundo de la cueva a la que te refieres, lo describes también. Una vez, probé escribir en una discoteca, se puede hacer, pero es algo doloroso la disociación, el tener al final la necesidad de aislarte. Es algo disociado y acababas llamando la atención, sentada en la escalera con un papel.




Es probable que con la poesía lo que pretendes es interpretar no ya tanto el mundo como el vínculo entre el mundo y tú misma. Claro que lo que verdaderamente puede importar al escribir poesía es ser receptivo, percibir motivaciones, traducirlas de modo reflejo en sensaciones, aunque un tanto a la contra. La poesía ¿es para ti un antídoto de lo racional, de lo que no entendemos pero que nos afecta? ¿Se trata de una descripción de la manifestación de los sentidos, de la admiración por lo intocable e incluso lo inalcanzable?

Es difícil encontrar un equilibrio. La poesía la necesito para ordenar y para ello aplico una parte racional; de lo contrario, sería algo incompleto. Alguna vez he dicho que es terapéutico, un entender el mundo ya desde una cierta distancia segura, viéndome en él a través de las palabras y donde los sentidos son instrumentos que me ayudan a filtrar todas las emociones. 

O acaso se trata de que la poesía interviene en un plano de subversión expresiva más que de interpretación. De que subvierte la visión ordinaria del orden lineal que se nos propone y se nos impone cada día. ¿Por eso tiene tanta relación y tal vez connivencia con el mundo onírico, con el de los deseos y con la naturaleza más elemental? 

Siempre he vivido lo onírico como una verdad, el contar pequeñas historias, a través de las metáforas, es lo mejor para expresarse. Siempre he admirado “Un perro andaluz" de salvador Dalí y Buñuel, porque es una obra mágica. No sé si te he contestado con esto.





Hay quien considera que la poesía no sirve para nada. Aún el otro día oí responder a un político, supuestamente progresista, a otro al que pedía explicaciones que lo que proponía éste era poesía. Utilizaba esa expresión para descalificar lo que hiciera o propusiera el político interpelado. Me pareció lamentable, aunque supongo que aquí el sensible era yo, y que la mayoría de los que escucharan la expresión no le concederían mayor importancia. Sin embargo algo debe tener que no tienen otras facetas expresivas… 

Lo malo de la política es que están locos y no lo saben (risas) Me refiero a que no parecen reflexionar. La poesía tiene fama de irracional, incomprensible pero no pueden estar más equivocados. La poesía se da el lujo de tener una voz propia, solo hace falta tener la calma para poder leerla, y sentir.

¿Cómo es la Mercedes Parada en su rol de lectora de poesía? Qué buscas, que exiges, qué te asombra.

Reconozco que tengo que leer más, yo me considero buscadora y tengo la suerte de estar encontrando maravillosas personas que escriben poemas. Creo que la poesía se completa si conoces al autor, y eso no tiene precio. De los que ya no puedo conocer, imagino cómo serían, buscando en su biografía cosas. A veces, leyendo a otros me hago pequeña y me dejo llevar como una niña que ve magia porque se la cree.



Algunos poemas de El amor es y doce poemas rezagados, de Mercedes Parada.


En mi noche vivo y despierto
porque me ahogan
las largas conversaciones
con los inventados,
que iluminan la oscura cama.
Soñar es estar loco,
y al despertar,
tocas tu cordura,
como si volviera a pertenecerte.

*

Soy una máquina de tragar,
chupar, morder, oler, engullir,
aplastar, desmembrar.
Arranco la cabeza de los hombres
y los soborno con besos.
Vuelvo a chupar del vaso
y de tu lengua.
Límpiame la boca con la servilleta
y dime que me siente bien en la silla.
Si me peinas me harás feliz,
y si me atiborras a palabras,
me harás crecer, verde y alta.
Me pongo aros de plástico rojo,
me vistes con vestidito de cristal
y es hermoso;
para sentarme, para comer,
ser una señorita
y salir al mundo.

*

La memoria agujereada
deja que coma de ella
hasta llegar al hueso.
Aún no he comido suficiente.
Es líquida
y puedo beber
hasta acabar informe,
ahogada y fea.
Puedo hacerte feliz,
darte flores que salgan de mi pecho,
porque quiero recogerme
el pelo
y jurarte un amor.

*

Llueve por la mañana,
y soy feliz sin pensamientos.

Como y tomo, camino y
camino,
y soy feliz son pensamientos.

Abro la cara, cierro
la boca, abro las manos,
cierro las piernas,
abro las piernas.
Y son feliz sin pensamientos.

Subo a un ten y dejo que me
lleve, pero me lleva
hasta donde puedo pagar.

Salgo y respiro,
miro y no veo nada,
y soy feliz sin pensamientos.

*

Es la desidia
arma incompleta.
Me hago y no me muestro,
me pierdo dentro, y no salgo fuera.

*

Un ojo,
una estrella,
un espejo manchado
y dentro de esta mancha
un corazón.
El corazón tiene varias puertas
y varias ventanas.
Humo.
Un nido en tu cabeza,
tu cabeza unida al aire,
y tu boca secreta
se abre y se cierra
alrededor de la palma
de mi mano.
Está el anzuelo
a punto de recogerte
el cabello,
es una horquilla sabia.
En esta alfombra líquida,
veo a la luna y a su hermana,
tiene que peinarla cada mañana
con un peine mojado en leche.







sábado, 6 de abril de 2013

¿Dialogan los dioses?




Las imágenes de santos ejercieron muchísima más influencia en el mundo que los santos de verdad, dice un aforismo de Lichtenberg. No me cabe duda. Es la proyección de las representaciones simbólicas lo que llega día tras día y año tras año hasta el fondo de la mente de los fieles y seguidores de cada religión. Cierto que algunas religiones no han cultivado ni permitido la iconografía (caso del Islam, que ha volcado su expresión en la caligrafía y en la recitación de los suras, e incluso el primitivo cristianismo no fue proclive a las imágenes) pero, por el contrario, casi todos los demás sistemas fundamentados en lo sagrado han promovido el icono hasta la saciedad utilizando todos los recursos del simbolismo, del arte y de las técnicas.

 


La representación de símbolos, desde los más sencillos a los más naturalistas y complejos, procede del Paleolítico, se afianza y potencia en las primeras sociedades urbanas y estables e impregna las creencias mágicas y religiosas en todas las culturas. Por supuesto ese afán en parte fetichista y en parte propagador del complejo sistema ideológico que hay detrás en el seno de las religiones es lo que ha llevado a sacar al exterior los rostros de las teogonías. Dioses mayores y menores, símbolos de la fertilidad terrenal y humana, encarnaciones animistas, personajes humanos tocados por la santidad o el ascetismo, animales incorporados al simbolismo o caracterización de las divinidades...en fin, una constelación de imágenes innumerables pueblan el universo del lenguaje denominado sagrado. Si a ello se le suman las creencias en otras vidas, los rituales de los muertos, las ceremonias múltiples de las que la vida social de los pueblos ha estado impregnada históricamente, el concepto del sacrificio, el asentamiento de tabúes o el constante antagonismo entre los principios del bien y del mal, así como de los opuestos o complementarios, concluimos en que los motivos de representación prácticamente reproducen como sombras, yo creo que incluso muchas de ellas superfluas, el universo instalado por las religiones.  




Con el título Diálogos de lo sagrado, se ha abierto recientemente una exposición en el Palacio de Villena, sede de muestras temporales del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, que reúne una colección diversa de imágenes vinculadas a religiones mayores o creencias más localizadas de diversas partes del mundo. Obras aportadas a tres bandas por la Fundación Alberto Jiménez-Arellano (UVA), Museo Oriental, Casa de la India y Museo Nacional de Escultura. Tiene el gran valor de poner al alcance del ciudadano de a pie, que hasta ahora solo ha visto mayormente en directo imaginería barroca, una reunión de esculturas, fundamentalmente, que responden al pensamiento de otras culturas y expresiones. No sé si los dioses dialogan  -y con dificultad lo han hecho todas la cortes de castas y acólitos entre sí-  o si es producto más bien de la imaginación personal y del imaginario colectivo, pero como título de una especie de encuentro y confraternización de divinidades lo encuentro poético. La realización de la muestra, con la profesionalidad y pedagogía espléndidas a que nos tiene acostumbrado el Museo dirigido por María Bolaños.  










martes, 2 de abril de 2013

De río chico a río grande




Estos días un río chico es un río grande. De verle en otras estaciones -apenas una leve corriente tomada cómodamente por los patos-  a este torbellino feraz, no es extraño que las gentes nos acerquemos al espectáculo de su brío. Irrumpe con todo su caudal generoso, pero también salvaje, en el otro río, considerado el principal. Este río chiquito  - Esgueva-  transcurría por la ciudad a través de dos ramales hasta hace siglo y poco. 

Pienso, al ver esta bajada de metros cúbicos, cómo sería en tiempos pasados este fenómeno, inundando el caserío. Fotos añejas hay de tal circunstancia, antes de que se canalizara por un extremo de la ciudad. Pero también la ciudad perdió con ese traslado forzoso el encanto de esos dos cauces que desembocaban en el río más grande, el Pisuerga. El río chico era el que atravesaba el corazón de la vecindad histórica. El río grande pasaba extramuros. Vueltas y aconteceres: hoy lo de Pisuerga le suena a todo el mundo. Mientras, el río menor extravía su nombre justo en esa desembocadura. Aunque con esa crecida considerable se quiera hacer valer.










jueves, 28 de marzo de 2013

Cuando no es lo que parece



Son dos personajes de la mitología que pertenecen a tiempos y destinos diferentes. La durmiente Ariadna y el apolíneo Ares son representaciones que no se rozan siquiera en la narración mitológica. Humana una y divino el otro no se conocen en la historia lineal del mito. Pero ¿quién dice que en el mundo simbólico no adquieren carta de acercamiento? Que en esta exposición de copias hayan sido colocadas en proximidad permite aplicar un ángulo de visión perturbador. La cámara fotográfica, como moderno y alterador espejo, tiene la culpa de transmitirnos un vínculo que, de hecho, no existe. Nadie diría, viendo el plano, que Ares está a su bola y Ariadna a su sueño. 

Ariadna está en ese punto dulce y onírico donde se recompone. También donde en cierto modo se olvida. El sueño de Ariadna ¿supuso su perdición o un salto hacia adelante? Implicó el abandono por parte de Teseo, pero le permitió ser hallada por el dios Dioniso que la condujo al Olimpo. ¿Fue allí donde encontró a aquel kurós Ares que encarnaba la guerra? Los mitos no dicen nada al respecto. La sala de copias se antoja con su particular visión. Pero no. Ares no vela el sueño de la hermosa hija de Minos. Ni mucho menos la observa con tentación erótica.  No fiarse ni de las ubicaciones ni de la reproducción de las imágenes.




El profesor de Estética Pedro Azara lo dice muy bien en su libro "El ojo y la sombra. Una mirada al retrato en Occidente":  

"Las imágenes espejadas están hechas con la misma sustancia que los sueños y provocan los mismos efectos en el alma del hombre. Sumen a quienes los sufre en un mundo de ensueño, mucho más hermoso y sorprendente que el mundo real. Mas los soñadores tienen la cabeza llena de pájaros, perdida entre las nubes. Sumidos en sus sueños, son incapaces de vislumbrar lo que les rodea. Los sueños los han robado para la realidad. Confunden el sueño y la vida. Parecen no tocar con los pies en la tierra. Son como sonámbulos que deambulan por la vida sin ver nada, ‘viendo’ solo las naderías que los sueños les enseñan. Se olvidan del día a día, como si los sueños, o las fantásticas imágenes espejadas, semejantes a las espectaculares escenas de un teatro (o, en la actualidad, las deslumbrantes escenas cinematográficas), les hubiesen hipnotizado, inoculándoles un narcótico que los hubiera adormecido y los hubiera incapacitado para la percepción de todo lo que no perteneciera a un mundo de ilusión, al lejano universo del espejo. Prefieren vivir perdidos en sus fantasías, entregados a ellas. Las imágenes, en este sentido, como bien decía Platón, son una ponzoñosa causa de olvido."





Imágenes tomadas en la Exposición de Copias del Museo de Escultura de Valladolid, en la Casa del Sol.


miércoles, 20 de marzo de 2013

Las bitácoras de navegación de Fernando del Val




"Las ciudades invisibles se hicieron para ser miradas. En ellas, el espacio y el tiempo poseen un raro reflejo de luz. Allí habitan las pocas certezas visibles: los signos de interrogación, las lechuzas, los caminos machadianos, las miradas miradas y la persistente -y casi contumaz-creencia en ese espaldarazo melancólico que entendemos por justicia poética."

De este tono va el último libro del escritor y poeta vallisoletano Fernando del Val "11 Cuadernos de bitácora de La ciudad Invisible"publicado por Editorial Polibea recientemente. Recoge los textos leídos allá por 2008 en el programa La ciudad invisible de RNE Radio 3, donde Fernando colaboraba. Textos susurrados, barquitos de papel que invitaban a los oyentes a una navegación pausada, se recogen ahora en un libro con toda su carga de sugerencias, citas y reflexiones para navegantes audaces.




Dice Juan Carlos Soriano en la introducción a tu libro que escuchabas la radio en las caracolas. ¿Qué hay tras esta imagen literaria tan fascinante? 

Soriano, contra lo que cree, tiene una mente poética y captó a la primera el espíritu insular del programa. En esa imagen veo una apelación a la pureza y una crítica a la radio de consumo. Me produce rubor traducir más la imagen porque me da que salgo favorecido. Leí hace poco en Santiago de los Mozos: “Los elogios de los amigos hay que cortarlos en seco, y los de los enemigos examinarlos con lupa”. Soriano respondería con La Rochefoucauld.

Ahora que han pasado casi cinco años y con la perspectiva de la distancia, ¿qué te permitió descubrir personalmente el participar en aquel programa de Radio 3 titulado La ciudad invisible? 

Aquel programa era propio de una radio atrevida, con seis emisoras y la voluntad de investigar formatos. Toda mi experiencia en La Casa de la Radio fue positiva. Sentí la confianza de la gente y cómo se me permitían licencias. Aun en géneros tan terminados como la entrevista y el reportaje, queda espacio para la creación. La libertad mejora el producto. Vi a las claras que los malos profesionales se rodean de mediocres y los buenos intentan hacerlo de gente mejor que ellos. RNE aumentó mis capacidades para sentir y pensar y en ella conocí a personas que se revelaron muy importantes en mi vida.

¿No crees que al desaparecer programas de ese tipo desaparece de alguna forma algo más profundo, la expresión cultural tan necesaria para sentirnos vivos? 

Por supuesto. Cuando muere algo importante nunca lo hace de manera aislada, mueren cosas adosadas. Su desaparición la interpretaría ahora como una avanzadilla de la ignorancia en la gestión de lo público, espacio fundamental. Quedarán reductos y renacimientos, pero el avance del desastre es firme.




¿Cuáles son las ciudades invisibles? ¿Las que no existen, las que no se reconocen, las que no se ven, las que solo se muestran a quienes saben buscarlas? ¿O acaso aquellas que uno necesita inventarse para sobrevivir? 

Primero hay que señalar que las ciudades invisibles son territorios absolutamente reales. Que no las tengamos frente a la nariz no quiere decir que no existan. Visible o no, hay un mundo sensible. Situar el foco en él es tarea del arte. Y esos espacios invisibles existen en cada posibilidad que formulas: ciudades imaginarias, irreconocidas o irreconocibles, invisibles, elegidas, inventadas. Buen catálogo. En él reposa algo que me interesa especialmente: ese otro yo que somos, la persona más allá de la consciencia, gracias a la cual, de hecho, seguimos vivos. Una ciudad invisible puede llegar a ser una persona que pasó por tu vida y, tiempo después, no terminas de saber si existió realmente. Tal vez fue un espejismo. Pienso en los espectros de Shakespeare, en los ángeles de Eduardo Fraile.

Veo que te gusta mucho el término Cuadernos de bitácora. ¿Qué entiendes por ello? 

Circunscribamos el cuaderno de bitácora al viaje. El viaje nunca se deja de producir, también sentado leyendo un buen libro. No es trampa dialéctica: el viaje es interior o no es. Pensemos en Paul Theroux: “El turista tiene tanto confort, placer y lujo que difícilmente se descubre a sí mismo”. Radical, pero con sentido. Hombre, todos necesitamos alguna certidumbre, algún enganche a tierra y ese enganche nos lo proporciona la porción de turista que llevamos dentro, pero de lo que se trata es de viajar. Sin estar en contra de los diarios -que han producido, además, muy buena literatura y son un género en boga- creo que el cuaderno de bitácora tiene una significación mayor. Todo esto, sin entrar en el viaje de viajes: la muerte, que dota de sentido a la vida.

¿Acaso ves los cuadernos como exponentes de una navegación sin rumbo, y lo deduzco de aquella frase que citas de Cromwell: “Un hombre nunca adelanta más que cuando ignora a dónde va”?

 Buscar en ellos un argumento es complicado, los define la travesía. Y las cartas de navegación, que están sin marcar. Parto de la base de que se adelanta más yendo a Lanzarote con la novelita homónima de Houellebecq, por poco que tenga que ver con la localidad canaria, que con una guía. Pero te voy a decir más, a propósito de la cita de Cromwell: desconocer el rumbo guarda simetría con una predisposición a dejarse sorprender y con no ansiar respuestas para todo. Las respuestas nos encaminan hacia un estadio quizá superior, pero probablemente menos humano. ¿Hay que poner límites al desarrollo? Puede tornarse involutivo… En el no saber está Juan de la Cruz, pero también el homo sapiens. Lo digo en el libro: las respuestas matan las preguntas y son éstas las que nos definen.




Viajar puede convertirse en práctica de riesgo, dices en uno de tus escritos. ¿Es la idea odiseica de la vida como el viaje a Ítaca la que tienes en mente?

No cabe otra. El riesgo existe, y no sólo por las sirenas. Últimamente pienso si los dioses deberían haberse atado también a un mástil para no oír la lira de Orfeo y evitarle el descenso al Hades en busca de su amada. ¡Reencontrarse con Eurídice fue desastroso! Pedirle a la vida más de lo que puede dar comporta riesgos. Hay gente demasiado pendiente de estímulos, cuando tantas veces las ilusiones son, eso, espejismos. La felicidad, ya se sabe: no hay que perseguirla, podría salir corriendo. El viaje, ¿qué aporta? Una lejanía de la realidad. Y eso es bueno y malo. Arriesgado. Una cuerda floja.

Me gusta cómo haces en algún momento una vindicación cervantina sobre la ilusión y la realidad, tan constante en el Quijote. Donde las historias se desdoblan, donde parecen confrontarse una clase de ficciones con la realidad, que acaso es otro modo de ficción.

Bueno, ese es el lado amable de la ilusión, con un doble enfoque: interior y social. Y volvemos a las ciudades invisibles: todo descansa en la indeterminación. Si admitimos que los sueños forman parte de la realidad, por qué lo que llamamos realidad no va a poder convertirse en la parte de un todo ilusorio. En cuanto a Cervantes, él fundó la literatura moderna. Y la literatura ha encontrado en el siglo veinte, a mi juicio, la mejor supervivencia en esa mezcla tan europea de ficción y realidad, y de géneros, cuyo máximo exponente en nuestro país es Enrique Vila-Matas. La realidad es una, pero está participada de irrealidad. Nadie en su sano juicio puede descubrir en una más que en otra la identidad. Entre las dos anida el deseo bien entendido, como motor y humildad, al modo en que lo entiende Jorge Tamargo: relacionado con la inocencia.


Las referencias a autores que te han significado las traduces en sugerencias. Citas a alguien sumamente interesante en la literatura de nuestros días, Claudio Magris, y traes a colación una idea suya: que la literatura (o el viaje, o ambas cosas) no salvan la vida pero puede darle sentido. ¿Viviendo ciudades invisibles, por ejemplo, es una manera de sobrellevar la vida e incluso disfrutarla? 

La literatura no es una forma de evasión, la literatura “es la verdadera vida”, llegó a decir Proust. ¿Boutade? Las personas somos insectillos que pasan un rato por la Tierra. Queda el hecho artístico-cultural. Debemos tentarnos la ropa antes de contradecir a Proust. Me temo que sí, sobrellevar–no se puede hacer otra cosa- la vida es posible, en parte, gracias a las ciudades invisibles. Sin olvidar esa creación fantástica que es la memoria.




En tus bitácoras se manifiesta una especie de interlocución entre el escritor/locutor oculto y el radioyente, más secreto aún. Pero esa interlocución es creación tuya también. Es decir, no solo expresas ideas, ocurrencias (en el sentido que le da Kenko Yoshida), sino que instigas o conduces al que escucha a que te acompañe en el viaje. ¿Método radiofónico o conducta que te sale de dentro con bondad e intención estimulante? Me viene de pronto este parrafito: “Mientras el mar duerme profundamente la siesta, el amor duerme, sencillo, en la superficie, como el amor vestido de tarde en los poemas primeros de Machado”. ¿Literatura pura o dardo para que el receptor se sienta tocado? 

Ojalá las cosas fueran tan logradas como dices. Los cuadernos surgieron impremeditados, sobre la marcha, no había mucho margen para pensar. Son como una apelación constante e involuntaria al receptor, al que deseaba incomodar a través de la literatura. Te confesaré que alguna línea, sólo alguna línea, fue escrita pensando en una persona concreta que derribó mis defensas y deseaba estuviera escuchándome. Las restantes, todas, se basaban en un yo subsidiario de una segunda persona simbólica: el radioyente, que, por fortuna, es otro espectro de Shakespeare. A él te diriges sin pensar que existe. Es el mejor vehículo: si prestas atención a tu impulso te será más fácil contactar con el resto porque el diálogo es honesto. Al trazar mis columnas de El Mundo, traigo un ejemplo impreso, no pensaba en nadie. De haberlo hecho, habría pensado únicamente en el director de opinión, Tomás Hoyas, hombre de enorme criterio. El lector tiene que dar igual y, toma paradoja, es en esa indiferencia donde radica el mayor respeto hacia él. Que algo llegue a más o a menos gente resulta irrelevante. “Más que hacer algo importa hacerlo bien”: siempre Machado, en nuestra ayuda.

Leo tus bitácoras como si fueran observaciones peripatéticas, algo que me apasiona. Reflexiones al vuelo, dichos y contradichos, variaciones sobre citas de autores… 

Cualquiera se retrata en lo que escribe. Aunque no quiera. Aunque esté hablando del cultivo de los tomates. Ninguna palabra es por accidente. Mi bitácora internética es un pensar sostenido sobre el mundo y sobre uno mismo, apoyado a menudo en el lado formal de las cosas, descreo del enfrentamiento entre forma y esencia. De ahí puede salir una suerte de diario: está lo que me atañe e impele. De dos años a esta parte he comprobado el sentido religioso de la vida, “aun fuera de una fe”, que diría Fermín Herrero. Siempre atisbé esa posibilidad, pero mis reticencias vaticanas eran fuertes y contaminantes. Soriano, en la presentación madrileña de Once cuadernos de bitácora…, me atacó: ‘¿Cómo puede ser que hayas ido a apostatar cinco veces y en tu poética del libro de Polibea recojas: “Cuando un ángel levanta el vuelo, su rastro dibuja en el aire el polvo de la memoria con que se van nombrando las cosas?”'. Perfectamente leído por su parte, estamos hechos de contradicciones. Debemos intentar ser lo mejores que podamos, aceptando que nuestra limitada condición alberga dudas y contrasentidos. No hay que eliminarlos, sino entenderlos y, a poder ser, conciliarlos.




¿Qué marcó ese punto de inflexión?

Todo es procesual, nada por ciencia infusa. Quizás el origen del cambio consciente se encuentra hace tres, máximo cuatro años. Pero la semilla llevaba más. El desarrollo se produjo hará dos. El amor y la poesía –y el cine- fueron el detonante. Me revelaron el valor religioso de las cosas. Ahora entiendo algunas observaciones que me hacía Esperanza Ortega, lo mismo, hace seis o siete años. Todo es materia, pero también todo es espíritu. El materialismo dialéctico sigue vigente, pero el campo de la razón práctica es distinto al de la idea artística. “Reflexiones al vuelo, dichos y contradichos, variaciones…”, decías. Realmente no se pueden expresar mejor mis contribuciones en internet. Si he llegado en esas notas a una pizca de música, ya es mucho. Creo particularmente en aquello tocado por la música.

Ese curso andante, ¿es un método personal que te permite ahondar en las cuestiones de la existencia, en la meditación sobre tus propias experiencias? 

La Existencia es lo único. He aprendido, entrevistando en profundidad para Turia a José María Merino, a Félix Grande, a Luis Landero -Fermín Herrero también está ahí-, que la huella del existencialismo es fundamental. Mayor de lo que creía. Heidegger, Schopenhauer, Kierkegaard. Estos autores hay que tenerlos claros. A algunos de sus libros hay que volver para aclarar ideas. A los dieciséis o así leí El concepto de la angustia, me lo regaló una novia, e hice lo que pude… fue una lectura poética... Disculpa que me demore, tus preguntas están llenas de invitaciones a la reflexión. Es imposible salir de la experiencia propia, en la que cabe lo no tangible, volvemos a lo de antes: sentir es vivir y viceversa. “No hace falta ir al África a cazar leones”, me dijo Luis Mateo Díez en una entrevista. Es una cosa que alivia. La posmodernidad sí va a África. Y, claro, sale cada cosa que se te quitan las ganas hasta de viajar.




Cuando leo cosas como: “Nosotros, inocentes-culpables, no tenemos más gobierno que el que nos marca la nave” me pregunto si expresas un mero escepticismo, muy útil para navegar y saber diferenciar los cantos de sirena, o si se trata de una cierta dosis de claridad que vas percibiendo en la navegación. 

Me estás preguntando cosas esenciales. El escepticismo por sistema es peligroso. El libre mercado y, en definitiva, la posmodernidad nos ofrecen ese venero para beber. Buscan aniquilar el compromiso. Yo, de entrada, asumo la tradición. Y me declaro moderno. Creo en la responsabilidad, en Kant sobre todas las cosas, en la intervención pública, en el bien y en el mal, como Haneke. Fuera de ahí no encuentro respuesta fácil a tu pregunta. Hay un verso que crea incertidumbre, pero sobre todo apacigua, de Eduardo Fraile: “Azar, nombre civil del destino”. Hay un punto en el que plantarse. No osemos ser lo que no somos. Sentémonos a mirar por la ventana, perdamos el tiempo. Respiremos. Y seamos. Limitémonos a ser. Pero una respuesta mínima: en ese viajar sin guías se descubren mejor las ciudades, los itinerarios. Y, ¿por qué es mejor viajar por tierra que por aire? Entre otras cosas, porque cruzamos fronteras físicas. El segundo capítulo de Regreso al Metropolitan participa de estas reflexiones. 

¿No será que esa pulsión inocencia-culpabilidad es de la que depende el que lleguemos a alguna costa donde estemos a salvo o la que puede derivar en naufragio? 

Completamente. Perdida la inocencia, estamos muertos. Y debemos saber que cargamos con un lastre no querido: limitaciones, errores, fallos de conducta, todo inherente. Hay que encontrar motivación en cada pequeña cosa y asumir la sorpresa en sentido socrático. No nos garantiza sortear el naufragio, pero sí mantenernos humanos e inocentes, que, en un mundo donde todos somos culpables –aun calderonianamente-, es todo a lo que podemos aspirar. Sin inocencia, se me ocurre ahora, tal vez funcione como parche el cinismo. Pero no el pernicioso y posmoderno. Sino el que, roto el corazón, permite seguir viviendo, el de Rick en Casablanca.

Otra cita que me ha hecho detenerme especialmente - y eso que todo tu texto me invita a pararme y a degustar- es esta: “Los horizontes nunca se conquistan porque nunca terminan, como las utopías”. Ah, la tan obsesiva Utopía de los humanos: ¿sirve para avanzar, como dice Galeano? ¿O todo se queda en el camino machadiano, que ya es bastante, y deja la puerta abierta a todos nuestros logros o al menos a nuestras posibilidades? 

Ojalá Machado siempre. Pero él mismo dio la vida por la causa. Están los que han puesto el índice en la utopía como totalitaria. No sé si De la Serna dijo que no hay viaje más apasionante que el índice sobre un mapa, ¿ves?, un tercer tipo de cinismo. El mapa de las ideas es complicado. Yo creo que si una cosa no existe es la democracia, por lo tanto no me voy a permitir cursilerías. Defiendo la utopía. Si me empujas, acudiré a la quimera y, en última instancia, a la arcadia. Sin palo y sin zanahoria, me da que el burro no avanza.




“Nos gusta pensar que cada etapa en la película es una escena distinta del viaje. Y no hay exclusa que nos frene. Ni excusas”, expones en otra parte. Esta recurrencia a los referentes cinematográficos, ¿los consideras no solo parte del acervo cultural que has hecho tuyo sino también esencial en el sentido de que constituye algo clave de tu educación sentimental, y me permito retomar la imagen de Vázquez Montalbán? Pienso en que cuando nos expresamos no solo tenemos las imágenes de libros que hemos leído sino las de multitud de películas que desde pequeños nos transmitieron un estilo de narración y una manera de sentir. 

Oh, ¡la educación sentimental! No lo sabes, pero es un concepto que uno mucho a los cuadernos de bitácora de La Ciudad Invisible. La educación sentimental la forman los acontecimientos que cambian a la persona y la permiten mejorar. El viaje y el amor son dos elementos ineludibles de esa educación, ahora, bien emprendidos. Ellos laten en el libro. Nunca vale todo y, menos en lo importante. Todo vale es una horterada, una chapuza. ¿El cine? Con decirte que, a través del posgrado en Historia y Estética de la UVA, me ha enseñado a entender más la poesía te lo digo todo. Antes decíamos que la literatura no era evasiva. El cine tampoco.

Me ha gustado que citaras la terrible frase de Adorno sobre lo terrible: que después de Auschwitz no se puede escribir poesía si no es para hablar de Auschwitz. No le enmiendas la plana, pero certificas la necesidad de la poesía (supongo que de cualquier expresión que toque la esencia de las cosas) como alimento. 

Fermín Herrero entiende que Auschwitz es un tema tan serio que no cabe escribir sobre él. Lo entiendo, puede sonar frívolo. Pero al final…tenemos que escribir. Aunque sólo sea para desmontar la posmodernidad. Mira a Félix Grande: acaba de publicar, hace dos años o así, La cabellera de la Shoá. Yo lo que intento legar ahí es un poco de esperanza. Ciertamente, la poesía es un alimento esencial. La poesía como cualquier expresión que, efectivamente, toca la esencia de las cosas. Es lo que trataba de aludir antes a propósito de la música. La belleza es música. Siempre habrá los que prefieran rancho. Bien. No pasa nada. Correcto: los que desprecian la poesía tampoco repararán en las consecuencias que ejerce Auschwitz diariamente sobre nuestra conciencia, también sobre las suyas. Somos culpables, repito. Hace unas semanas leí en Abc una entrevista a Anthony Beevor que me dejó perplejo: según la BBC sólo el cincuenta por ciento de los británicos ha oído hablar de Auschwitz. No me digas que no le viene bien a nuestro complejo de inferioridad. A la mayoría de jóvenes, agárrate, le suena ¡a marca de cerveza! Ni Velázquez, ¿eh? Aunque es más autorretrato que retrato. Tengo recortada la entrevista, no sé qué hacer con ella.




Percibo también que el avance en el conocimiento no es para ti algo lineal. Cuando dices: “Sigue recto, hay un desvío”, ¿no estás proponiendo algo semejante a lo que dice Canetti, de que el conocimiento en esta vida se produce de forma lateral? 

El conocimiento, siempre he pensado, es diagonal, transversal. Lateral, igualmente. Eso me lleva al inconsciente; lo mismo estoy obsesionado. Y Canetti, ya que lo citas, es fundamental. Su Libro de los muertos lo es. El riesgo es volverse loco porque todo acaba rimando. Entiendo que Vila-Matas desconozca la página en blanco. 

¿Es en el desvío de las ideas prefijadas fuera de nosotros, en un cierto modo de salirse del orden establecido, en ignorar la reducción y los esquemas de la visión de las cosas donde nos encontramos a nosotros mismos?

Estamos en el sitio menos pensado. Y, ante un camino marcado, siempre debemos pensar quién ha puesto las marcas. No cultivar una desconfianza perpetua, no se puede vivir en la incertidumbre, de ahí la rutina, tan necesaria, aun con tan mala prensa. Necesitamos la pregunta en lo alto y la certidumbre en lo bajo. Es aquello, no sé si rilkeano, de que la poesía es un tener los pies en el suelo y las manos en las nubes. Era así, ¿no?