A Casilda García Achilla, la mujer de los arañados signos, le entusiasman estos versos del poeta Cavafis:
"Vuelve otra vez y tómame,
amada sensación
retorna y tómame
cuando la memoria del cuerpo se despierta,
y un antiguo deseo atraviesa la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan,
cuando las manos sienten que aún te tocan.
Vuelve otra vez y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan...."
Resuenan viejos reflejos sentimentales, pero ¿acaso el arte -la poesía, el dibujo, la pintura, la música- no son maneras de canalizar nuestros propios reflejos vitales? Casilda García Archilla expone en la Sala Municipal de Exposiciones del Teatro Calderón de Valladolid sus Dibujos más o menos pequeños (y otras hierbas), como dice el título de la muestra.
Casilda, ¿todas las hierbas, la hierba; todos los ríos, el río; todos los signos, el signo; todos los abecedarios, la letra; todos los mapas, el mapa…?
“Serlo todo y de todas las maneras”, escribió Pessoa –y ya no recuerdo dónde-. Y qué más quisiera yo. Realmente no son todos ni el, sino alguna de sus múltiples posibilidades.
La poeta Belén Artuñedo califica tus trabajos de caligramas de alas encriptadas. ¿Qué encriptan, a tu modo de ver, toda esta serie de dibujos, estos poemas absolutamente visuales que realizas?
Prefiero considerarlos más bien pseudopoemas visuales. Pseudoencriptamientos del flujo interno de emociones que pugnan por hacerse voz, verbalizarse, ser nombrados y desenredados unos de otros. Es la
extimidad, la parte de la intimidad que se muestra. Muchos de estos dibujos pequeños, están hechos sentada en una butaca mientras me tomo un café después de comer, de la misma manera que escribo en mis cuadernos cuestiones personales. A veces el escrito se hace dibujo. Otras no escribo y dibujo.
¿Estas pequeñas obras responden al mismo movimiento?
El vuelo, las alas, tendría mucho que ver con las aladas palabras,
“La homérica palabra alada”, un hermoso poema de Ana Hatherly que explica el surgimiento de la voz, de la palabra que se
evola. (En muchos de sus poemas no visuales Ana Hatherly analiza estos temas, al igual que la escritura, y esta poesía la conocí con posterioridad a su obra visual y a la realización de estas obras a las que nos referimos).
Tus caligrafías las tildas también de arañados signos. ¿Se quedan en meros trazos o elaboras un discurso donde arañar es una forma primaria y metafórica de decir plásticamente lo que no podrías trasladar con meras palabras?
“Un arañado signo” es un poema de Juan Luis Panero que cuenta la ilegibilidad de una dedicatoria que le hizo Borges, cuando quedó emborronada al verterse accidentalmente líquido sobre ella. Es una reflexión sobre la desaparición del signo, de nuestra individual marca. Arañar con un punzón la escritura es intentar reproducir la huella y deterioro que el tiempo y los azares dejaron en ella, la escritura, que precisamente trata de preservar nuestras palabras de su tendencia a evolarse y desaparecer.
En tu exposición hay cuatro ejes de expresión: Escrituras y peudoescrituras, Cartografías y otros paisajes, Entes diversos y Alfabeto vegetal (no digital). ¿Son expresiones que trabajas paralelamente o responden a respuestas que se han sucedido cronológicamente en tu trabajo y en tu vida?
Trabajo este tipo de obras –dibujos, en definitiva- paralelamente a otras más pictóricas y “escultóricas”. El deseo de hacer escrituras, que viene de muy lejos, se superpuso al de hacer cartografías y se simultanearon. De ellos surgieron los “entes diversos”. He aquí un par de obras de 2003: la llamada Piedra Rosetta es mi escritura, superponiendo escrito sobre escrito para ocultar el sentido.
Esta otra utiliza el punzón para levantar una escritura fingida (la que otros llaman escrituras asémicas).
Fue la coincidencia del encuentro con la obra de Ana Hatherly
“A reinvenção da lectura”, y con reproducciones de manuscritos árabes, con cuerpo de texto en árabe y su traducción al turco, lo que me ayudó a romper la linealidad del texto. El árabe lo estudié en la carrera y me fascinó.
De las cartografías…siempre hubo en mi casa mucho atlas magníficos, mapas, planos, fotos aéreas, dibujos esquemáticos de planos o plantas de ciudades. El conocer hace unos años la enorme variabilidad de las cartografías hizo el resto.
En 2012, al trabajar con las redecillas vegetales (de las infrutescencias del plátano de sombra), me topé de nuevo con la escritura, esta vez como “alfabeto vegetal”. Previamente había estado haciendo pequeñas “esculturas” y móviles con elementos vegetales. Luego quise estudiar las plantas dibujándolas (otras hierbas)
De las Escrituras ya sabíamos por el bello libro que sacaste hace un tiempo sobre Ana Hatherly. ¿Mantienes en activo este enfoque, lo sigues trabajando?
No es un libro sobre Ana Hatherly sino una conversación con su obra a lo largo de dos años, hecho cuaderno-libro posteriormente, aburrida de no exponer los originales. Bajo esa forma lo trabajé hasta 2009 o 2010, con alguna acotación posterior. Lo último, fue la serie de escritos con alfabeto vegetal. Y finalmente, las “cartas recibidas” (hay tres en la exposición), realizadas con japonés inexacto y otros fingimientos. Este nuevo interés por las escrituras proviene de mi encuentro con cuneiforme y otras escrituras antiguas en el magnifico Museo Bíblico y Oriental de León, y con las caligrafías orientales y las parrafadas en chino y en japonés que se marcan algunos de mis amigos de facebook. Ando haciendo pruebas con sumerio. Ahora recuerdo que en 2007 hice un escrito con lineal b sobre un CD y se lo regalé a un profesor de lingüística.

Me ha hechizado muy particularmente tu obra Cartografías. Es como si tuviera viejas resonancias. Como un paisaje mutante, como ríos incesantes, como mapas que se ajustan a unas necesidades de representar una interpretación humana sin perder su carácter insuficiente, y en ese sentido ¿concibes la necesidad de la abstracción para ir más allá de la mera traslación que hacen los hombres de la naturaleza en pro de su interés y aprovechamiento?
Sí, todos los mapas son abstracciones, representaciones abstractas de un aspecto concreto sobre el que versa ese mapa. Me llama mucho la atención en los mapas la ausencia del hombre, por lo general, si bien se representan ciudades, a veces con dibujos fidedignos, y también tierras de labor… En algunos sí figuran los seres que habitan las tierras, pero suelen ser antiguos y muchas veces realizados por no profesionales (cartógrafos por necesidad). Los mapas son lugares para soñar.
Estoy de acuerdo contigo. Ahora, cuéntame de eso otro que llamas entes diversos. Tus ejercicios de bolas me parecen un acierto y vistos aquí, en la exposición, proyectando sus sombras alientan intenciones que se nos ocultan. O bien los juegos con hojas o ramitas…
Por un lado están los entes diversos, que son dibujos de cosas que no sé lo que son –hechos muy hipnóticamente mientras me tomo el café, etc.-, y por otro están las bolas, que son las redecillas que rodean el núcleo leñoso y sostienen toda la estructura de la infrutescencia del plátano ornamental.
A las bolillas, al desprenderles la redecilla semileñosas de base penta-hexagonal, se rompe ésta. La coso con hilo de un color similar para arreglar los desgarrones y luego las cuelgo con alfileres. En efecto, me divierte mucho el juego de sombras que proyectan, así como su movimiento al pasar junto a ellas y crear una corrientita – manifiestan esas corrientes mínimas con su balanceo-.
Todas estas obras hechas con elementos vegetales que no sirven a nadie, ni valen dinero, cuyo destino es ir a la basura –estarían muy bien para compostaje, pero la vida es así- me encantan. Son seres de la ciudad, y demuestran continuamente su terca pervivencia, su ir de aquí para allá con vientos y airecillos. Su estar en todas partes sin que nos percatemos de su presencia callada. Y su continua transformación de un estado a otro, de un ser flor a ser fruto a ser semilla a ser planta.
¿De dónde viene tu atracción por lo que denominas los Alfabetos y en qué se diferencian de las Caligrafías?
“Alfabeto vegetal” es una de las obras de la exposición, y también el título de los textos vegetales realizados con él. Tendría que llamarse “un alfabeto vegetal”, debido a que los signos que lo constituyen (fragmentos rotos de las redecillas mencionadas antes) deberían ser casi infinitos. Y eso sería un despropósito divertidísimo: un alfabeto con un número gigantesco, inabarcable y inacabable de signos. Esa es la risa que contiene el “Alfabeto vegetal”. Y con él están realizados los escritos o textos vegetales, a los que considero tan textos o pseudoescrituras como al resto de los textos de la exposición.
Y ahora te digo una cosa:
(Unas rayas en la palma de una mano, unos restos de escritura cuneiforme, una partitura, unas grietas en la falda de una montaña, unos posos en la taza de café, una fórmula matermática [….] un texto literario…, paisajes para ser leídos por una mirada)
Alfredo Saldaña, Humus. 2008


Las fotografías son de Laura Fraile, de Casilda García y del administrador del blog.